INS & OUTS 2026
Unos propósitos.
Cuando tenía quince años, un chico que me gustaba del instituto me dijo que creía que yo era sinestética. Yo entonces no sabía qué era la sinestesia más allá de su acepción como figura retórica. Según la RAE, se trata de una imagen o sensación subjetiva de un sentido provocada por otro sentido diferente. A lo que el chaval se refería en realidad era a la asociación. La idea que tengo de mi propia vida –o la historia que elijo contarme a mí misma– se basa en asociar momentos con percepciones y dotarlos de simbología. “Mi ex se durmió en la última película que vimos juntos”; “perdí mi trabajo cuando estalló la huelga de guionistas. En la mesa del salón había tulipanes amarillos”; “me dijiste que me querías y pensé en el color rojo”. Al leer cualquier texto, veo su estructura y lo desintegro en rectángulos, cuadrados y círculos. Cuando estoy muy concentrada, mi mente proyecta sucesiones geométricas. Por poner un ejemplo, a veces, al practicar sexo, pienso en 2, 4, 8, 16, 32, 64, 128… Siempre son pares y la sucesión, finita. Tampoco estoy tan loca, ni soy un genio. Bueno, a ver.
Lo que vengo a decir es que no redacto estos propósitos por moda, sino por ubicarme. De vez en cuando, necesito parar y preguntarme qué hago, cómo me organizo, quién soy y quién quiero ser. Me diréis: Gema, si no paras de preguntarte eso todos los días. Sí y no. Esto es distinto. Esto es una lista. (Y las listas siempre in). Los outs responden a aquellos momentos de los que me quiero deshacer, prácticas que se han quedado varadas en mí por estar asociadas al aburrimiento, la desidia, la crueldad, la culpa o el disgusto. Los ins son más bien una intuición, no demostrables aún a través de los sentidos. Empezamos.
INS
Casi todos mis ins están enfocados en la creatividad. Siento que no estoy siendo todo lo brillante que podría (y me gustaría) ser a causa de distracciones que nada me aportan. Le comenté esta sensación de infertilidad creativa a un amigo y me respondió: no digas gilipolleces, igual no has escrito tanto, pero has salido, has hecho amigos y has sido muy feliz. Tiene razón, pero su argumento no me reconforta. No puedo elegir entre la amistad o la escritura. Ahora bien, es mi deber crear cierto equilibrio entre ambas.
La concentración
¿Hay algo más hot que leer 100 páginas del tirón sin la necesidad imperiosa del desbloquear el móvil?
Clases de batería
Dos sucesos me han motivado a empezarlas. 1: Mi obsesión con el panorama musical actual. 2: La urgencia por dejar las pantallas.
Las listas
No me importa que me funéis. Si no hago listas a mano, no funciono. No apelo a redactar listas movida por un ansia de productividad, sino de orden. Si en 2026 quiero ver más películas y leer más libros, no me quedará más remedio que comprarme una libretita y ponerme deberes. Deberes guays, entendedme. Pautas que me guíen (y me obliguen) cuando la pereza me incite a scrollear o a dormir. Mi objetivo es ir al cine dos veces a la semana, una vez al mes al teatro, ver 150 películas en el año y leer 50 libros. Algún que otro año lo he conseguido.
Borrar fotos del móvil
Que puede traducirse en ser más selectiva y en atesorar mejor los momentos. Dado que con esto de la inmediatez, tenemos el sentido del recuerdo más trastocado que nunca, quiero construir una memoria alternativa a la que no volver. Ojalá pudiera meter álbumes de fotos a plazo fijo y no sacarlas en diez años.
Leer al despertar
Está demostrado que el cuerpo se regula con pequeños hábitos. No es que quiera perder mi nerviosismo –que forma parte de mi esencia–, ni que quiera convertirme en Llados: solo quiero volver a leer con la misma pasión con la que lo hacía antes. Quizá apasionarse sea el IN nº1.
Comprar un pollo entero
Lo he hecho un par de veces este año y me congratula decir que sí, lo logré. Gracias a un tutorial, corté el pollo por piezas, hice caldo, guarde varios tápers y me sentí una adulta funcional. Mi objetivo ahora es convertirlo en rutina, que no sea algo extraordinario. También querría repartir tápers e invitar a amigos a comer sin motivo.
No tomarme tan en serio
A veces me martirizo pensando en que no soy vista ni percibida. Parece que no publicar con Anagrama o que una periodista de Vogue no piense en ti cuando le encargan un reportaje sobre newsletters ya es un fracaso. Solemos confundir la seriedad o la sobriedad con la intelectualidad. Yo hace tiempo abracé sin prejuicios el humor como punto de partida y entendí cuál era mi tono.
Barra para colgarse
Estoy obsesionada con colocar una barra en el marco de la puerta para colgarme cuando lleve nueve horas seguidas sentada y apenas sienta la espalda. Además, he visto muchos vídeos en los que afirman que es buena para la salud no sé qué.
Odio el deporte.
Sacar adelante los proyectos, no solo decir que los voy a sacar
Este será el año en el que venda “Algún día nos reiremos de esto” como serie, pero antes tenemos que ponernos las pilas, mover el culo y tocar a la puerta de las productoras. Hacer dossiers es una tarea espeluznante, pero no queda otra.
El vino tinto
Hay algo en el snobismo que me atrae porque ser insoportable tiene un punto sexy. La putada es que mi paladar sigue siendo muy infantil y que… detesto el sabor del vino tinto.
Militar
Me quité mi suscripción a Netflix para pagar la mensualidad del Sindicato de Inquilinas, pero me gustaría encontrar un espacio marxista donde sentirme representada. No sé a quién votar en las siguientes elecciones, el clima político me preocupa y no quiero que el PSOE gobierne toda la vida. Lo de conformarnos con el mejor de los males es un poco 2023, de hecho. Todo un out.
Twitter
Moralmente reprochable, lo sé, pero no me juzguéis: Debo mejorar mi capacidad de síntesis.
OUT
No es mi intención que los outs sean la contraparte de los ins. Los he repensado muchísimo a lo largo de estas últimas semanas porque siempre resulta más difícil decir adiós. Pensad bien la facilidad con la que nos enamoramos y lo engorroso que es dejarlo.
El autocuidado
Tanto la forma como el contenido. Si vuelvo a decir en alto la palabra “autocuidado” tendré que meter 1€ en una hucha. También deberé hacerlo si lo ejerzo de forma consciente. No quiero autocuidarme, quiero cuidar y que me cuiden. No quiero que el cuidado sea una tarea, sino más bien una pulsión. Pretendo tener muy presente las necesidades de los demás y hacerle la vida más fácil en la medida de lo posible. Estoy un poco cansada de ser tan independiente. Deseo crear una vida más en comunidad y dejarme depender más del resto.
La terapia psicológica
Poco más que añadir.
Los vídeos de esponjas de limpieza
El brainrot ha arruinado mi capacidad de atención y pronto se cargará también mi valor más preciado: la sinestesia de la que os hablaba antes. No podría escribir sin asociar lo que aprecian mis sentidos con mis experiencias vitales con, a la vez, mi inventiva. Entonces moriría. Y de momento no queremos eso. Entrenar al algoritmo requiere de una paciencia de la que no dispongo y de un esfuerzo del que me alejo porque soy una puta vaga. Como sea, prometo intentarlo. Me comprometo a entrar en Instagram solo para observar la rutina de la gente que quiero y comentar corazones en todos sus posts.
La avena
He descubierto que el café americano está mucho más bueno que el café con leche de avena. También he notado que tomo cantidades ingentes de avena como sustituta de la tortita/crêpe que en realidad me apetece.
El pilates
Debo encontrar un deporte que no cueste 120€ al mes porque me gustaría ahorrar algo y porque no puedo comprometerme a un horario fijo. Tengo muchos planes a los que no quiero renunciar. En la categoría planes están incluidos desde quedar con amigos hasta quedarme en la cama.
Normal People.
Muy a mi pesar. Casi en contra de mi voluntad, estoy entrando en mi época “Los años nuevos”. Llámalo crecer, llámalo odiar ser nostálgica.
Decir “no sé qué” todo el rato
Este año cumplo 30. LOL. La newsletter seguirá, sacaré novela y espero volver a enamorarme porque es el mejor estado en que una puede estar, ya lo siento. No puedo ir por ahí con el “no sé qué” en la boca. Sé que es irónico, sé que dicho en el momento exacto puede llegar a ser hilarante, pero debo ser seria no sé qué.
El FOMO
Nunca pensé que lo diría porque yo había sido una gran defensora del FOMO. Cuando has padecido cierta miseria económica o cuando no te has podido permitir ir a tal concierto o a tal restaurante con tus colegas, les has propuesto veros para la cerveza de después y de pronto tu bolsillo mejora, sentir FOMO se convierte en un privilegio, sí, pero merecido. Siento FOMO de todas las cosas que no pude hacer durante años y ahora no quiero perderme ninguna. Podría ser un resumen del 2025. Ya os adelanto que el 2026 no será así.
La autoconsciencia
Ser Z implica sentir odio, envidia y ternura a partes iguales del cringe que dan los millennials. Fluir es un verbo hippie y básicamente de hijos de puta, pero, joder, qué bien fluyen los millennials. Pausar mis pensamientos para que la vida me recorra sola me parece una utopía. Un planazo. Veremos.
La ropa fast-fashion
No sé cómo afrontar esto a largo plazo porque tiendo a caer en el pecado de vez en cuando. Querría dedicar una newsletter al tema, dado que ahora estoy cosiendo más. Yo era de la opinión de que suficientes mierdas se comía la clase obrera como para seguir calentándonos la cabeza con cada milímetro de nuestro consumo (ya sabéis, solo hay que mirar la contaminación que genera un multimillonario versus todas nosotras) y de que no podemos culparnos/responsabilizarnos todo el rato. Bien. Pero si hemos dejado de comprar marcas que apoyen al genocidio, yo creo que podemos mantener cierto consumo ético sin ser por ello policías de la diversión. Mientras nos quede algo de libertad en la toma de decisiones, ¿por qué no aprovecharla?
Artistas que sean arroz con pollo.
Y con arroz con pollo me refiero a Taylor Swift.
Cerveza sin gluten
He bebido como un cosaco este año. No me arrepiento. Tampoco es que pretenda hacer apología del alcohol, pero es cierto que mis resacas son agradecidas. Esto fomenta que guarde un buen recuerdo de la noche (o del día). Fantaseé con convertirme en uno de esos escritores alcoholizados que firman obras maestras a base de desarrollar cirrosis y enfermedades varias, pero solo sirvo para airear mis trapos sucios delante de medio bar y hacer reír a mis amigos. ¿Por qué sin gluten? Me pasé a la sin gluten porque “llenaba” menos. Debo decir que cuando una caña está bien tirada, no hay modernez que valga. No me tachéis de boomer o de rojiparda, digo modernez porque, por supuesto, yo no tengo absolutamente ninguna intolerancia, pero como dice Isa Calderón: a ver, yo sigo pensando que no soy como todas las demás.
Goodreads
A pesar de que me obsesiona la idea de comunidad, creo que irme de Goodreads ha sido una buena idea. Es la única parcela donde le permito a mi ego herido reposar. Me jode no poder dialogar sobre libros como lectora, pero no puedo obviar el hecho de que también estoy en el otro lado. Menos mal que existen las listas y los clubs de lectura, maravillosos espacios donde toco hierba una vez al mes.
Tik Tok
Ya basta. La inmediatez ya no se lleva. Tik Tok me dio muchas alegrías cuando estaba desempleada y sin contactos, pero me siento bastante desconectada de esa red ahora mismo. No me iré, como ocurre con Twitter; moriré en este barco. Solo que optaré por una posición de usuaria pasiva. Por suerte, conservo amigos que siguen en Tik Tok, que harán de filtro por mí y me pasarán el mejor contenido para seguir chronically online –algo que quizás incluya en los outs del año que viene.
El coste de oportunidad
Crecer es darte cuenta de que nada es tan perfecto como para que lo ames desde el principio. Aplicado a las relaciones, desechar el coste de oportunidad implica que dejes de buscar “algo mejor” en otra persona y atiendas a lo que tienes delante. Para este nuevo año, lo interesante es construir. Siempre habrá un amigo que te ofrezca más contactos o que sea más divertido o intelectual. Siempre habrá una potencial pareja que encaje más contigo, que comparta tu afición por el cine o que te pueda enseñar “x” habilidad. Pero quizá no te siga la conversación, no te acaricie el pelo como quieres o no prepare un café tan rico.
G.








este año he empezado a leer por las mañanas mientras desayuno, empezó como algo para evitar el móvil nada más despertarme y ha acabado siendo mi momento de lectura del día. al tener el máster por la tarde podía dedicarle el tiempo necesario (lo que tardo en comerme una tostada y beberme el té) uno de los aciertos de este año desde luego! (siempre y cuando no me toque salir corriendo por la mañana 😵💫)
Me quedo con “Solemos confundir la seriedad o la sobriedad con la intelectualidad”, felices fiestas ❤️